Mujer madura, mujer que sabe amar

Las mariposas monarca vuelan por Canadá y Estados Unidos hasta llegar al Estado de Michoacán (México), ya que es en los bosques mexicanos donde encuentran las condiciones ideales para su desarrollo y apareamiento. Una vez que han llegado a su madurez, emprenden su viaje de regreso. Madurez que tiene que ver con su capacidad de supervivencia frente al entorno que las rodeará. Así como las mariposas monarca, los seres humanos también vivimos un proceso antes de llegar a la madurez, la cual nos permite ser dueños de nuestras decisiones.

En la práctica, ser maduro no tiene relación directa con la edad, ya que puede haber adolescentes maduros o adultos inmaduros. La madurez es algo más que haber cumplido cierta edad, implica haber superado una serie de experiencias que reflejan una actitud de vida y que tiene como recompensa la plenitud.

Pasar por el proceso previo a la madurez puede ser un proceso arduo y doloroso. Algunos de los aspectos envueltos en dicho proceso son:

• Apertura y aceptación del propio dolor.

• Conocimiento y aceptación de sí misma.

• Superación de sí misma.

• Disposición interior y decisión profunda de dar lo mejor de sí misma a los demás.

Hoy en día como en toda época el dolor forma parte inherente de nuestra naturaleza. “¿Dolor? Si yo no quiero sufrir”- exclamaríamos muchos-. De manera natural rechazamos el dolor. Si me duele una muela, acudo con un dentista para que realice un diagnóstico de mi dentadura. Una vez que lo ha hecho, yo haré todo lo posible para seguir al pie de la letra las indicaciones médicas y disminuir a toda costa el dolor. Este tipo de dolor es relativamente sencillo de curar, sin embargo, hay otros dolores que no son tan fáciles de identificar y que tienen relación directa con el crecimiento de la persona.

Vivirlos es irremediable y superarlos es una condición para el óptimo desarrollo de nuestra personalidad y para nuestro crecimiento: dolor cuando nacemos y salimos a un ambiente distinto en el que estábamos en el vientre de nuestra madre, dolor cuando nos llevan a la guardería por primera vez y no queremos alejarnos de mamá, dolor cuando tenemos que compartir nuestro pequeño mundo con los hermanos o los compañeros de la guardería, dolor cuando en la adolescencia empezamos a conocernos y reconocernos diferentes a los demás, dolor cuando no somos aceptados por determinado grupo, dolor cuando el chico que nos gusta nos rechaza, dolor en el proceso de discernimiento de la carrera que finalmente estudiaremos, dolor cuando terminamos una relación de noviazgo, dolor ante un aparente fracaso laboral, dolor al reconocer que la persona elegida para casarse tiene muchos defectos que antes no había observado, dolor en el parto de los hijos, dolor al tener que educarlo con disciplina y firmeza, dolor cuando los hijos han crecido y decidido irse de casa, dolor cuando mueren nuestros padres, dolor al envejecer y reconocer que se depende de otros para sobrevivir… Parece un tema muy conocido para todos, pero en ocasiones quisiéramos dejarlo guardado en un armario, desaparecerlo y no tener que experimentarlo.

En una ocasión una amiga me dijo que la mejor manera de enfrentar el dolor en el crecimiento es hacer como cuando nos ponen una inyección: “simplemente dejar que nos la pongan y así será menor el dolor.”

Cada etapa de la vida tiene sus propios retos: la niñez, la adolescencia, la juventud, la etapa adulta, la vejez. Cada proceso en nuestro crecimiento lleva implícito el dolor o sufrimiento y aunque nos empeñemos en alejarlo de nuestras vidas, ahí estará porque es necesario para el propio crecimiento y maduración.

Muchas parejas han tenido que sufrir ese proceso de dolor o dificultad durante su matrimonio y ante los momentos de dolor o crisis han decidido divorciarse. Las estadísticas del INEGI del 2006 hablan de una tasa del 12.3% de divorcios en México.

Las consecuencias de este tipo de decisiones no son solamente a nivel personal, sino a nivel de la sociedad. Según la Association of Teachers and Lecturers (organización con más de 160,000 miembros) “el declive de la familia tradicional está creando un círculo vicioso de fracaso escolar, pobreza y crimen”. Un informe del periódico Times de Londres publicado el 24 de abril de 2007 menciona que según estudios de la Children’s society más de un cuarto de los jóvenes de menos de 16 años se sienten deprimidos por las tensiones de la vida familiar, las amistades y el colegio.

Cada vez es más frecuente la cultura de lo cómodo, de evitar el sufrimiento. Gran número de niños crecen acostumbrados a tener prácticamente todo lo que quieren en el momento que lo desean. Sus padres, con la idea de proporcionar lo necesario y lo superfluo en el aspecto material, le dan todo ello para que “no sufra”. En nuestro mundo cada día se “crean necesidades”, mismas que pareciera los padres debieran cubrir en un 100%. Esto genera niños egoístas y con baja tolerancia a las frustraciones en diferentes etapas de la vida. Otro gran número de adolescentes piensan merecer todo sin ningún esfuerzo de su parte, lo que provoca retraso en el proceso de madurez personal. Son adolescentes que basan su seguridad personal en el dinero, en las tendencias de la moda o lo que dicta la sociedad y que se les dificulta vivir sus valores de manera auténtica. Así también podemos encontrar a adultos que van por la vida según la corriente les dicta, dando a los hijos todo lo “material”, olvidando la importancia de la atención, el acompañamiento en el aprendizaje y la disciplina. Elementos que ninguna persona ajena a los padres podrá formar en ellos.

La mujer madura está abierta al dolor y al sufrimiento en el proceso de crecimiento, enfrenta con valor su propia personalidad (fortalezas y debilidades), se acepta tal como es y sin esconderse a esa realidad. Al mismo tiempo sabe que necesita superarse y lo hace con la decisión firme de dar lo mejor de sí para darlo a los demás.

¡Cuántas mujeres han hecho historia por su capacidad de entrega!, por ser mujeres maduras. Mujeres que se encuentran en el anonimato, pero que tomaron la decisión de darse a sí mismas en los diferentes roles que le tocan: en el trabajo, en la familia y en la sociedad.

Que maravillosa decisión la de tantas mujeres que tomaron la decisión de casarse y formar una familia. Ellas llevan en sus manos un gran reto y una magnífica vocación. Hacen frente al misterio que representa el futuro y en medio de las contrariedades siguen adelante, luchan y dan lo mejor de sí mismas dejando a un lado el egoísmo.




(Por: María del Rocio Rivera Ramírez, Colaboradora de Mujer Nueva)

"Educar es enseñar a querer"

 

Entrevista con Jose María Contreras.   

 

 

¿Se piensa poco?

En muchos casos se evita pensar. Al hombre le cuesta enfrentarse a sí mismo. Ponerse delante de un espejo y "cantarse las cuarenta". Pero lo necesita para ser más feliz.

Existen dificultades ¿verdad?

Es cierto. Hay dificultades objetivas. Pero para aquello que a uno de verdad le interesa siempre encuentra tiempo. Se evita mucho el pensar en los hijos porque los pensamientos que surgen suelen ser exigentes.

Y la prisa…

También. Pero algunas veces parece que nos guste que haya prisa. Evita otros compromisos. Por eso a la prisa se le ha dado un sentido positivo. No hace mucho, de una persona con mucha prisa se decía que era un atolondrado; ahora es una persona muy importante.

¿Que respondería a la pregunta de qué es lo primero que se necesita para educar a los hijos?

Coherencia. Hay que procurar vivir lo que uno dice. Si no la educación no vale para nada. Porque los hijos perciben inmediatamente que uno dice cosas en las que no cree porque si las creyera, las viviría.

¿Por qué parece que es más difícil educar hoy?

Podría haber muchas razones pero me gustaría centrarme en una. Estamos haciendo una sociedad en la que cada esfuerzo lo hacemos con vistas a un beneficio inmediato. En la educación no hay recompensa a corto plazo.

La sociedad tampoco es que ayude…

Es verdad, por eso hay que poner más exigencia personal: El ambiente exterior se contrarresta con presión interior; con exigencia personal.

Pero los padres no somos dioses…

Claro que no. Lo que educa no es vivir una serie de valores, sino el luchar por vivir esos valores; en eso es en lo que se fijan nuestros hijos. Nuestra intencionalidad. Ellos también saben que no somos dioses.

Es que los hijos lo ven todo.

Y nosotros tenemos que demostrarles con nuestra vida. El lenguaje de los hechos es el que más comunica. Que sepan claramente cuales son nuestras prioridades. Ellos tienen que saber las cosas por las que no pasaríamos nunca y por qué.

Muchos padres entienden por educar el dar estudios.

Es verdad. Educar no es dar una beca. Uno pone dinero y el niño estudia, pero si educar fuera sólo enseñar a los hijos a ganarse la vida, habría hijos que no haría falta educarlos ¡se la van a ganar mejor que nosotros!. Educar es algo más que dar conocimientos.

¿Qué más?

En última instancia educar es enseñar a querer. Por eso uno tiene que saber hacer atractivos los valores. Es una necesidad en la sociedad en la que vivimos. Tener referencias que nos hagan atractiva la verdad. En el caso de los hijos son los padres. Sin la ayuda de éstos lo que se haga en los colegios u otras instituciones formativas vale muy poco.

¿Cómo son las relaciones padres-hijos en la actualidad?

Como siempre, pero con algunos matices especiales y no precisamente pequeños. Hay miedo a los hijos. Miedo a exigir que en realidad es miedo a exigir-me. Miedo a que se enfaden. Hay una especie de complejo de inferioridad con respecto a ellos que está haciendo mucho daño a la sociedad en general y a nuestros hijos en particular.

¿Por qué?

Porque una persona no exigida, es una persona no valorada. Uno puede dar lo mejor de uno mismo cuando es exigido: La peor venganza con una persona es no exigirle. Fracasará como persona aunque llegue a ser un brillante profesional. No se exige en muchas ocasiones en aras de la tranquilidad.

¿Y …?

Y se está confundiendo tranquilidad con paz. La paz es una consecuencia de una forma de vivir: hay paz cuando hay exigencia, cuando hay lucha por mejorar, cuando hay vida. La tranquilidad se consigue con tranquilizantes.

¿Y así no se consigue nada?

Pues siendo realistas evitar un disgusto hoy para tenerlo mañana… y sin remedio. ¡Cuanta gente se está culpando de no haber exigido en su momento y quizas se hubieran evitado algunas situaciones posteriores! Tengamos en cuenta que una persona no educada, es decir no exigida, se convierte en una generadora de sufrimientos en el futuro. En el terreno de la educación hay mucho sufrimiento evitable.

Pero uno puede educar bien y luego "salirle mal"

Claro. Tengamos en cuenta que el hombre es libre. Podemos educar a una persona en el amor al trabajo y luego ella no trabajar porque no le da la gana. Los padres tienden a echarse todas las culpas en los temas de educación. En muchas ocasiones no llevan razón, para tener culpa hace falta intencionalidad. Si no hay intención no hay culpa.

¿Un padre o una madre por el hecho de serlo ya son buenos educadores?

No. Además de la intencionalidad hay que formarse, conocer las etapas por las que pasa un hombre. Igual que un jefe tiene que formarse. Unos padres para educar bien deben formarse. Es fundamental. Si uno no se forma es difícil sortear la cantidad de obstáculos que nos pone la sociedad actual.

¿Por qué no se hace?

Algunos lo hacen. Otros no saben que hay que hacerlo. O no saben cómo hacerlo. Hay otros que sabiendo que hay que hacerlo y como hacerlo se dejan llevar por la comodidad. La raíz de la mayoría de los problemas que tiene la sociedad occidental es la comodidad.

¿Algo para terminar?

La educación de los hijos es de lo más gratificante que el ser humano puede experimentar. Merece la pena porque ahí se encuentra una gran parte del éxito como persona. Y depende de nosotros.

 

 

 

José María Contreras es biólogo, aunque ha dedicado su vida a las relaciones humanas, especialmente en el campo de la formación de directivos. En la actualidad es Director de Formación y Desarrollo en una multinacional farmacéutica. Está casado y tiene tres hijos. Ha impartido cientos de conferencias sobre el hombre y sus relaciones con los demás, tanto dentro como fuera de España y es autor de varios libros.

arbil.org

El cachete

 

 

Cuando el Estado quiere controlarlo todo   

Ahora que los constructores hacen las casas de papel, los cachetes al niño llorón cruzan los muros, ¡zas!, cuando no se come las espinacas. También cuando salta sobre la cama recién hecha o se pone a dibujar en las paredes con un bolígrafo. Natural. Así aprenderá que hay que comer lo que nos sirven en el plato, que es necesario respetar el trabajo de los demás (la madre no puede pasarse los días volviendo a componer lo que el nene destroza) y cuidar del hogar, que es de todos. El cachete, el azote, es elemento educativo desde que el mundo es mundo. Otra cosa es que se utilice en demasía o que sea el padre o la madre quienes lo merezcan por consentir todos los caprichos al nene, que es un pelmazo.

En mi vida, como en la de casi todos, hubo cachetes que sirvieron para enderezar el rumbo. Fueron caricias fuertes por asuntos menores, ya que la mala educación no se resuelve a golpes. Es más, la mala educación no suele resolverse porque el que la imparte, seguro, es un mal educado. Pero decía que en mi vida hubo algún cachete cuando solté mi primera mentira grave, cuando me empeñé en no obedecer o cuando lancé un pulso a mi madre frente a una cena que me desagradaba. ¿Me traumaron? En absoluto. Fueron revulsivo que me despertó de mis pequeñas faltas de infante, uno de los motivos por los que a mis padres siempre les traté con cariño y respeto creciente.

Pero este Estado quiere controlarlo todo. Después de haber vaciado la mente y el espíritu de los jóvenes mediante una educación huera, ahora les toca ejercer de padres y animar a los pequeños a revelarse contra la autoridad cuando esta deja de ofrecerse con un timorato “por favor”. Llegará un momento en el que estas políticas harán del ciudadano un objeto propiedad de la administración y tendrá que pedir permiso hasta para toser bajo riesgo de que le impongan una multa. Es la esquizofrenia del buenismo, la dejación absoluta de responsabilidades en manos de un monstruo que se renueva cada cuatro años y que no se sacia a la hora de legislar.

Miguel Aranguren
ALBA , 28 de diciembre 2007

El juicio de los niños

 

 

Los niños de ahora son otra cosa   

Leí no hace mucho un comentario interesante sobre el cuento de Caperucita Roja. Venía a decir que los niños de ahora reaccionan de forma distinta cuando escuchan la narración de aquel viejo cuento, o cuando lo presencian en el guiñol.

Los niños de hoy piensan que la familia de Caperucita Roja no era nada ejemplar. Una madre que tiene a la suya, con tantos años, viviendo a muchas leguas de su casa es, para empezar, una mujer poco cariñosa. Una madre que permite que su hija, en este caso Caperucita, se adentre sola en el bosque para llevar a la abuelita abandonada una cesta con un surtido de productos caseros, es una madre egoísta y poco responsable. De haber tenido algo más de sentido común, habría acompañado a su hija en tan larga y arriesgada travesía. El lobo feroz hace lo que tiene que hacer. Recibe la información, se adelanta a Caperucita, se come a la abuela que vive sola porque su hija no la quiere tener en casa, se viste con el camisón de la abuela, se ajusta su redecilla en la cabeza y se mete en la cama en espera de esa tontita que le ha dado todas las pistas. Y llega Caperucita y no reconoce a su abuela, y se cree que el lobo es la abuelita, lo que demuestra lo tonta que era la niña y lo poco que visitaba a su abuelita. Y el lobo se la come, porque se lo tiene merecido. Por eso, cuando el lobo se zampa a Caperucita, los niños de hoy aplauden a rabiar, hasta el punto que en los guiñoles suelen eliminar del cuento la figura del cazador que salva a ambas, porque no resultaría nada popular.

Se ve que a los niños de ahora les mueve poco el ternurismo o la moralina, y esperan sobre todo coherencia y sensatez. Los niños de hoy no perdonan a la fresca de la madre de Caperucita lo mal que se portaba con la abuela, porque a una madre no se la tiene enferma y sola en el bosque. Y tampoco perdonan el despiste de Caperucita, incapaz de distinguir entre una abuela y un lobo metido en la cama con el camisón y la redecilla de la abuela.

Cuando los niños crecen   

Todo niño es en principio un poco psicólogo, que juzga a sus padres, y, en general, a todos los mayores. Los estudia y tantea sin cesar, y pronto determina cuáles son los límites de su poder y su libertad. Usa a este efecto todas sus pequeñas armas, principalmente las lágrimas o los enfados. Una criatura de seis meses, por ejemplo, sabe ya leer en el rostro de su padre o de su madre para discernir lo que debe hacer o no, su aprobación o su desaprobación. Y cuanto más se mima al niño, más indefenso se le deja, como hacía aquella mujer que dejaba a su madre en mitad del bosque y enviaba a su hija sola a visitarla.

Con el paso del tiempo, los hijos juzgarán con dureza el abandono que supone haberles mimado, ese haberles ahorrado todo sacrificio, tantas oportunidades de robustecer su voluntad. Por eso es tan importante no confundir lo que es objeto de nuestro cariño con lo que puede ser nuestra perdición. Los padres que por amor ciego, por comodidad o por ingenuidad han procurado satisfacer siempre los caprichos de sus hijos, pronto se encuentran con que no pueden con el caballo que no fue domado cuando era potro. Y lo peor es que entonces los hijos tienen ya edad para advertir el daño que les han hecho sus padres con tanta condescendencia.

Por fortuna, también tienen edad entonces para valorar que se les haya educado en el esfuerzo y la exigencia personal, y lo agradecen a sus padres como un gran tesoro que les han dejado.

Alfonso Aguiló
Interrogantes

No quiero ser mujer florero

Al advertir en estos primeros días del verano el empeño de todas las
mujeres por estar superatractivas, acudía a mi memoria aquella canción
que comienza con un "de mayor quiero ser mujer florero, metidita en
casita yo te espero, las zapatillas de cuadros preparadas, todo limpio
y muy bien hecha la cama". Venía a mi cabeza también la consideración
de cómo décadas de lucha por la liberación de la mujer han traído, en
muchos casos y en no pocos ámbitos, una esclavización de muchas
mujeres, que viven en una total dependencia de la mirada de los demás.
En la canción de Ella baila sola se caricaturizaba aquel anticuado
"ideal femenino" -si es que alguna vez existió- en el que la mujer
aspiraba sólo a ser un complemento del varón de quien recibía su
identidad: "yo aquí siempre te espero porque yo sin ti es que no soy
nada", seguía la letra. Afortunadamente ya no hay nadie que piense
así, pero me parece, en cambio, que la cultura epidérmica de la
publicidad y el glamour nos está reduciendo a la condición de floreros
tanto a ellas como a ellos.

Se dice que el problema de muchas mujeres de hoy es que quieren ser de
película, que quieren ser realmente mujeres florero. "Durante todos
estos siglos -escribía en 1928 Virginia Woolf-, las mujeres han sido
espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar la silueta
del varón al doble de su tamaño natural". Ahora aquel sometimiento
histórico de la mujer al varón como espejo en el que éste se miraba
está siendo reemplazado por la aspiración a ser objeto que atraiga la
mirada y el deseo de los demás. Ser florero es convertirse en un
objeto decorativo -puesto a menudo para rellenar un hueco- que alcanza
su plenitud cuando logra llamar la atención. El cambio de espejo a
florero no altera la cosificación de la mujer, quizás incluso la torna
más humillante, pues a menudo se trata de una objetualización
voluntariamente buscada. Cuántas mujeres hoy en día salen a la calle
vestidas llamativamente para ser objeto del deseo de quienes las ven.

La exhibición es el recurso infalible, que nunca pasa de moda, para
llamar la atención. Realmente no es fácil entender las modas que
llevan a exhibir el ombligo o la ropa interior, ni tampoco es posible
predecir qué va a pasar a este respecto en los próximos años. Lo que
sabemos es que esa moda tal como ha venido desaparecerá, de la misma
manera que los zapatos de mujer pasan de puntiagudos a cuadrados
cíclicamente. Leí ayer que Cristina Onassis jamás volvía a ponerse un
mismo vestido por segunda vez, así que cuando uno le gustaba mucho, se
compraba dos. A quienes nos gusta llevar ropa cómoda por muy usada nos
horroriza un comportamiento así y nos sentimos felices de no tener que
atenernos a esa dictadura consumista.

Pero el exhibicionismo es algo más profundo y radical que una moda.
Hace algunos años una espigada estudiante que llevaba un palmo de
vientre al aire me explicó que vestía así porque era su manera de
gritar que necesitaba que la quisieran. Me impresionó aquella
explicación porque acierta derechamente en un registro muy hondo de
los seres humanos. Lo que queremos por encima de todo es que nos
quieran y estamos dispuestos a hacer lo que sea para conseguirlo.
Buena parte del atractivo de la moda es el señuelo de que si vistes de
esa manera llamarás la atención, gustarás a los demás que se sentirán
atraídos por ti y te querrán. Y tiene parte de razón este tipo de
argumento, pero desconoce que los seres humanos no queremos a los
cuerpos, sino a las personas. Las personas se expresan en su
corporalidad y en su manera de vestir, pero son muchísimo más
interesantes y amables que su atuendo.

Otra alumna, comentando en su examen de junio aquello que Machado pone
en boca del maestro Juan de Mairena: "Después de la verdad nada hay
tan bello como la ficción", me hacía caer en la cuenta de que los
seres humanos sólo podemos vernos de cuerpo entero en un espejo y
quizá por eso tendemos a pensar que la imagen en el espejo -que es
siempre una imagen, una ficción- es la verdad acerca de nosotros
mismos. "La ficción -explicaba Laura en su comentario- nos esclaviza
hasta hacernos creer que no somos libres. La ficción, en su falsa
belleza, nos encoge y nos impide ver más allá de lo que ella misma
representa. Hay belleza en la ficción, pero no es más que una
apariencia, un sueño. La verdad es luz que esclarece y muestra la
autenticidad de lo que somos. La ficción atrae, pero la verdad libera.
La verdad nos da vida y si queremos encontrarnos en nosotros mismos y
no sólo como mero reflejo en el espejo, es necesario que creamos en su
fuerza y en el poder que imprime en nuestras vidas". Efectivamente,
las imágenes reflejadas en los espejos son capaces de esclavizar hasta
la anorexia cuando son tomadas como la verdad acerca de nosotros
mismos.

Pero, por otra parte, cuántas veces las mujeres de película, las
mujeres de ficción, impiden que los hombres atendamos a las mujeres
reales a nuestro lado, esposas, colegas, madres, hijas, hermanas. Ayer
un profesor universitario me enviaba desde Italia un patético chiste
de Glasbergen en el que aparece una mujer en la perfumería pidiendo
algún perfume que huela a computadora para recuperar así la atención
de su esposo. En los procesos de divorcio -al menos en los Estados
Unidos- ha comenzado a figurar de manera creciente como motivo de la
separación el consumo de pornografía on line por parte del marido. La
esposa real no es capaz de competir con las mujeres de ficción ni con
las prestaciones sexuales que éstas ofrecen a través de Internet. Es
una realidad sórdida y penosa, pero probablemente nos encontramos ante
un círculo perverso y deshumanizador de las relaciones entre varones y
mujeres que adoptan formas cuasi-simétricas de pornografía y
exhibicionismo.

Pero, y ¿qué pasa con los hombres? La publicidad nos presenta
paulatinamente una cierta androginización metrosexual de los iconos de
moda masculina. También los hombres -sobre todo algunos jóvenes-
quieren ser floreros. De la misma manera progresiva que crece el
mercado de cosmética masculina (incluida la depilación), los chicos
jóvenes se empeñan cuidadosamente en enseñarnos sus calzoncillos. Al
verlos siempre pienso, como me decía aquella alumna, que lo que están
gritando es que necesitan alguien que les quiera, que les escuche, que
les comprenda. Se trata como siempre de un fenómeno ambivalente.

Estoy convencido de que los hombres podemos y debemos cuidar más
nuestra manera de presentarnos, de vestir y de comportarnos, podemos
aprender mucho de las mujeres también en todo esto. Mejor dicho, va
siendo hora de que superemos aquellos viejos estereotipos de rol que
asignaban unas cualidades a las mujeres y otras a los varones, y nos
decidamos a aprender unos de otros, a querernos unos a otros, a crear
espacios comunicativos humanos en los que nadie necesite presentarse
como un objeto para atraer la atención, en los que nadie se animalice
exhibiéndose como cebo para atrapar al depredador, en los que
realmente nadie quiera ser un florero.

Por: Jaime Nubiola, La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Naces sana. ¿Y tus hermanos?

Lo presentan como un triunfo de la medicina: una niña nace sana de
unos padres que podrían haberle transmitido una grave enfermedad
genética.

Lo presentan como un triunfo, pero olvidan que se trata de un enorme
fracaso. ¿Por qué? Porque nunca será correcto discriminar a hijos
enfermos para permitir que nazcan sólo hijos sanos.

La fecundación artificial ha llevado a una mentalidad en la que el
hijo es visto cada vez más como producto de la técnica y cada vez
menos como un ser humano merecedor de cariño sin condiciones.

Sabemos que a la técnica siempre se le puede pedir "calidad". Pero
esto vale para las cosas, no para los seres humanos "obtenidos" en el
laboratorio a través de la fecundación in vitro.

En algunos casos de enfermedades genéticas, la técnica permite
fecundar varios óvulos, y luego realizar un control genético sobre los
mismos. El uso del diagnóstico preimplantatorio revela características
genéticas, defectos y cualidades de los hijos. Una vez conseguida la
información, el laboratorio y los padres toman decisiones sobre la
vida y la muerte de esos embriones.

Es hermoso que nazca una hija o un hijo sano. Es triste que no nazcan,
que sean eliminados, hijos enfermos. La noticia que nos presenta a
unos padres que sonríen ante la hija que carece de una enfermedad
genética no debe hacernos olvidar que han sido congelados, marginados
o simplemente eliminados sus hermanos enfermos. Porque tenían un
defecto, porque no eran perfectos, porque su vida fue considerada de
menor valor.

La medicina existe para curar. Mientras no existan terapias que
corrijan los defectos genéticos, la medicina está llamada a ayudar a
cualquier hombre o mujer que empiece a existir, también cuando tiene
un ADN "imperfecto". Basta que sea un ser humano, basta que sea un
hijo, para que merezca todo nuestro respeto.

Una niña ha nacido sana, y merece, como cualquier ser humano, cariño y
cuidados. Pero no podemos olvidar a quienes también son hijos de unos
mismos padres, a sus hermanos marginados. La justicia nos lo exige, y
nos lo pide el amor. Lograremos, entonces, un mundo más humano, capaz
de romper barreras y discriminaciones que no quieren saber nada de
hijos enfermos. Un mundo capaz, sobre todo, de acoger y ayudar a los
más débiles y necesitados, simplemente por ser lo que son: hermanos
nuestros.


(Por: Bosco Aguirre, Colaborador de Mujer Nueva)

Tiempo para vivir, no para evadir

La vemos sentada en la calle, con una botella de cerveza a medio
terminar y su mirada perdida en el horizonte, mientras las luces de
los coches alumbran el pavimento a su paso. El aire frío en la cabeza
la hace "regresar" de su aturdimiento. Sólo recuerda las luces de
colores y el retumbar de la música en sus oídos. Lentamente se levanta
intentando no perder el equilibrio y se dirige a su casa esperando no
encontrar a nadie a su llegada. Tiene "suerte" y entra desapercibida
en su habitación, donde sin cambiarse se tumba en la cama. Ya se
inventará algo al día siguiente cuando sus padres le pregunten sobre
el porqué de su cansancio. Y así pasan los días, soñando de día y
embotándose de noche. La niña que antes era se ha dormido y la mujer
todavía no despierta, y mientras tanto, ella sueña, se esquiva, no
sabe quién es, y prefiere no saberlo.

La adolescencia suele ser una etapa difícil tanto para los padres de
familia como para el hijo. Es un momento de grandes cambios en todos
los aspectos de la vida: físico, social, psicológico, moral, familiar…
El niño deja de serlo, sin convertirse todavía en adulto. Es un
período "puente", en el que se ha de aprender a conocerse, a aceptarse
y a salir adelante, para que pasados los años, se llegue a ser un
adulto capaz de llevar una vida plena de sentido.

Durante la adolescencia, el joven se descubre como diferente y
distinto a los demás. Si antes era lo que sus papás querían, ahora
busca ser él mismo. El mundo se abre a sus ojos y le pone la vida por
delante para proyectarla hacia el futuro. El adolescente tiende a
pensar en grande: será el premio Nóbel de la paz, o el descubridor de
la vacuna contra el sida. Será el presidente de la nación y acabará
con la pobreza y con el hambre… Sin embargo, muy pronto se topa con la
realidad: le falta experiencia y no sabe hacer muchas cosas. Antes, su
seguridad residía en hacer todo como le decían sus papás, pero ahora
busca su propio modo, y no sabe cómo salir de las dificultades en las
que se mete. Tampoco sabe cómo pedir ayuda sin sentirse tratado como
niño. Esto le invita a evadirse de la realidad. Los adolescentes
suelen aislarse de diversas maneras: unos con la música, otros con el
alcohol y las fiestas, algunos más "viven" las aventuras más inéditas
en su imaginación mientras deambulan por la vida sin involucrarse con
nada.

No es raro que "estén", sin estar realmente. "Están" con la familia,
pero no conviven; "están" en clases, pero no aprovechan; "están" en
tantas partes, pero su mente no "está" presente. Y así vemos que las
notas van mal, la convivencia familiar también, las amistades de
antes, ni se diga…
Esta actitud de evasión, no le ayuda. Si bien es cierto que necesita
tiempo y espacio para reflexionar sobre sí mismo, sobre quién es y
quién quiere ser… esta actitud no se lo permite. El adolescente
necesita ayuda para salir de ella. ¿Cómo?

El adolescente se evade, como hemos dicho, porque ve la desproporción
entre sus sueños e ideales y su realidad. Al verse tan alejado de lo
que quisiera, prefiere soñar o simplemente olvidar sus problemas con
emociones fuertes. Al no encontrar lo que necesita en su realidad, se
fuga de ella.

¿Qué es lo que el adolescente busca y que no siempre encuentra en la realidad?

El adolescente busca sobresalir en algo: necesita ser "el más…" en
algún aspecto. Si no es el más aplicado, o el más guapo, será el más
grosero, o el "más" mal peinado… El adolescente necesita tener la
oportunidad de mostrar su capacidad en algo. Un buen educador sabrá
crear el espacio y las circunstancias necesarias para que el
adolescente pueda destacar de alguna manera positiva.

El adolescente necesita demostrar que ya no es un niño, que ya ha
crecido. El niño acepta incondicionalmente lo que sus padres y
maestros le dicen. El adolescente se muestra rebelde cuando siente que
lo tratan como niño o que se le imponen las cosas. Necesita de
espacios de acción en los que pueda ir tomando ciertas decisiones.
Habrá muchos campos en los que todavía no pueda decidir, pero si
siente que se le trata según su edad, lo aceptará.

El adolescente necesita divertirse. Pero hay diversiones que divierten
sólo mientras duran, y al terminar dejan consecuencias muy tristes que
sólo llevan a evadirse aún más. En cambio, las verdaderas diversiones,
son aquellas que nos dejan divertidos y con una sana alegría aún
después de que han pasado. Si el adolescente no aprende a divertirse
jugando fútbol, lo hará faltándole el respeto a los profesores. Si no
se divierte leyendo libros sanos y entretenidos para su edad, lo hará
bebiendo.

La adolescencia es una etapa maravillosa cuando se vive, no cuando se
evade. Solamente viviéndola se logra sentar los cimientos de lo que
será la vida del adulto.


(Por: Liliana Esmenjaud, Colaboradora de Mujer Nueva)

También los dementes saben de amor

Vallejo Nájera, en su libro "Concierto para Instrumentos Desafinados",
nos cuenta el relato de Faustino, un esquizofrénico profundo en el
hospital que dirigía:

Faustino tenía, al igual que otros enfermos profundos, su "bolsa del
tesoro"_ una bolsa que contenía todas sus pertenencias que él llevaba
a todas partes. A diferencia de la bolsa del tesoro de otros enfermos,
compuesta por toda clase de cachivaches, cartas, restos de comida, la
bolsa de Faustino contenía exclusivamente un mango de paraguas y una
foto con un marco. Nadie estaba seguro de donde había sacado ni uno ni
otra, y cuando le preguntaban por la foto el contestaba lacónicamente
"madre". No estaba claro si el retrato realmente era una fotografía de
su madre o era simplemente la foto que venía incorporada al marco,
pero lo cierto es que Faustino la identificaba plenamente con su
madre.

La rutina de Faustino era todos los días la misma: se marchaba al
jardín del hospital, se sentaba cerca de un árbol en el límite entre
el sol y la sombra y extraía de su bolsa el retrato. Lo miraba
pausadamente, con cariño, lo besaba y posteriormente lo depositaba con
sumo cuidado de nuevo en la bolsa. A continuación, sacaba el manco de
paraguas y lo contemplaba a la luz del sol. Le daba vueltas y lo
observaba desde todas las direcciones posibles, embelesado. En cierto
modo, Faustino era plenamente feliz pues estaba totalmente entregado a
estos dos objetos y amaba con todo su ser lo que poseía, y no
necesitaba nada mas.

En esa época llegó al hospital un niño de 15 años, Luis, retrasado
mental. Luis no dejaba de llorar desde que llegó. Una tarde, Faustino
rompe su rutina y se acerca a él, se sienta a su lado. Tras unos
momentos de vacilación, Faustino abre su bolsa del tesoro y le enseña
su mango del paraguas y ambos se quedan contemplando sus destellos de
ámbar a la luz del sol. Al final, Luis intenta coger el mango pero
Faustino rápidamente lo esconde: todo tiene su límite

Con el tiempo, llegan a convertirse en grandes amigos, quedándose
todas las tardes a contemplar el manguito de paraguas a la luz del
crepúsculo. Pasado un tiempo, sin embargo, Luis comienza a aburrirse y
la relación se enfría. Entonces, un día, los parientes acuden al
hospital a ver a Luis. Su madre ha muerto. Faustino se acerca
lentamente y pregunta qué ocurre."Ha perdido a su madre", le
contestan.

El último párrafo de la historia merece ser reproducido literalmente
tal como lo cuenta el propio Vallejo Nájera: "El esquizofrénico queda
perplejo. Acaricia a Luis. Luego silencio. Al fin, un arranque
aparentemente trivial, de los que pasan inadvertidos en la tierra,
pero que retumban en las bóvedas del cielo como el tronar de mil
cañones: Faustino regala a Luis el mango del paraguas. El niño lo
acepta y sigue llorando. Entonces, Faustino, con un gesto dolorido
como quien separa los bordes de una herida, abre lentamente, muy
lentamente, la bolsa y le entrega el retrato de su madre".

¿A dónde vamos con una anécdota tan detallada? Actualmente está en
boga la afirmación de que todo el comportamiento humano depende del
funcionamiento cerebral. La neurociencia se esfuerza por llenar los
titulares de los periódicos con lemas como "La química del amor" o "Se
ha descubierto al sustancia que provoca el sentimiento de culpa". Pero
estos autores suelen reducir implícita o explícitamente el ámbito de
los fenómenos mentales casi exclusivamente a lo cognitivo, dejando
completamente la dimensión afectiva fuera de la vida mental, como si
lo único importante de explicar fuera el proceso inteligente.
Realmente se entiende que no se investigue más el comportamiento ético
del ser humano desde el supuesto materialista, porque sería difícil
entender como Faustino, un esquizofrénico- sujeto que padece un
trastorno fundamental de la personalidad, una distorsión seria del
pensamiento- es capaz de un acto ético, que nos llena de admiración.
¿Será que el ser humano actúa por algo más que por los estímulos de
una compleja organización de neuronas? Tratar de enjaular el espíritu
humano tras los barrotes de química neuronal es un intento tan inútil
como atrapar el viento con un cazamariposas.

El ser humano, a pesar de sus disfunciones en muchos aspectos, es
siempre digno y valioso en sí mismo; quizás no tanto por lo que él
pueda hacer sino porque siempre será "un ser amable por sí mismo".
Mientras exista un solo hombre o mujer como Faustino, en la tierra, la
dignidad humana está salvada, porque demostrará a los otros que son
dignos de su amor, lo más grande que posee.


(Por: Nieves García, Mujer Nueva)

Cuando llega la adversidad

Constantemente nos quejamos de que los hombres no nos
entienden. Los hombres suplican poder entender a la mujer. Pero quizá
la mujer tampoco se detiene a tratar de comprender al hombre.

Hace unos meses viajaba con una amiga por la carretera. Para
completar la aventura de habernos perdido, tomado salidas equivocadas
y habernos quedado completamente paradas en el tráfico por media hora,
sólo nos faltaba que se nos ponchara una llanta. La ley de Murphy no
falló y poco después de salir del tráfico empezamos a oír un ruido.
Nos paramos a un lado de la carretera para confirmar que,
efectivamente, teníamos que cambiar la llanta. Ninguna de las dos lo
habíamos hecho antes, pero yo pensé que no podría ser tan difícil y
que era suficiente experiencia la de ver a mi papá cambiar las llantas
tantas veces. Estaba sentada sobre el pavimento tratando de ensuciarme
lo menos posible y encontrar dónde poner el gato, cuando un señor
amablemente se detuvo para ayudarnos. Después de quince minutos ya
estábamos sentadas listas para continuar nuestro viaje.

¿Qué motiva a los hombres a pararse a cambiar llantas en la
mitad de la carretera? Este hecho me ayudó a entender lo que mueve al
hombre y que no es necesariamente lo mismo que puede motivar a una
mujer. Al hombre le gusta sentirse necesitado y se siente realizado al
proteger a alguien más. A nosotras nos agrada que nos ayuden porque
nos hace sentir protegidas y cuidadas. Tomando esto en cuenta, podemos
descubrir qué le afecta al hombre y la manera en que podemos
sobrellevar los problemas familiares con ellos y no a pesar de ellos.

El hombre encuentra su realización al poder proteger. El
esposo y padre de familia se realiza al poder proveer y proteger a su
familia. Se podría decir que el hombre no trabaja sólo por el dinero.
Éste es un incentivo fuerte, sin embargo el hombre lo que busca es lo
que acompaña al dinero: protección para su familia, status, prestigio
y excelencia.
¿Qué pasa cuando el dinero falta? Para él es más que un simple
problema económico. Todo lo que le acompaña desaparece a la vista del
hombre. Siente frustración al no poder proveer para su familia. Si
para la mujer es importante que la comida que preparó le guste a su
familia, para el hombre es importante poder poner la comida sobre la
mesa. Su éxito, que él basa en el trabajo, se esfuma. Su deseo de
excelencia se ve frustrado junto con el fracaso en el negocio.

La mujer en estos casos puede empeorar o aligerar la
situación. La relación puede verse dañada si se queja de que no le
alcanza el dinero, si le presiona con los pagos y los gastos de la
casa. De manera silenciosa hay que empezar a ahorrar y enseñarle a los
hijos a hacerlo. Hay que saber en qué momento tratar estos temas y,
sobre todo, no hacerlo delante de los hijos. El hombre puede decaer si
su mujer no le da la misma importancia que para él tiene el no parecer
tan prestigioso ante los demás. El hombre busca la estima de otros, en
especial la de su mujer y familia. Por eso es importante que ella le
ame incondicionalmente y encuentre en ella la seguridad que siente
haber perdido.

Ha habido momentos de prosperidad. Han llegado o podrán llegar
momentos de adversidad. Si no han llegado, sería conveniente acordar
de antemano la manera en que los enfrentaran. Si ya han llegado, quizá
es momento de cambiar actitudes y manera de hacer frente las
dificultades. En uno u otro caso, es importante saber vivirlos juntos.
Si la mujer sabe aportar sus cualidades, podrá ayudar a hacer que las
adversidades lejos de ser un obstáculo para el matrimonio, sean un
medio para crecer en el amor.

Ale Moreira
Mujer Nueva

Origen y escalada del enfado. Alfonso Aguiló

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Alfonso Aguiló



Cuando es más fácil


        
Según unos estudios de Dolf Zillmann, el enfado suele tener su origen
en la sensación de hallarse amenazado. Una amenaza que puede ser física
o psicológica –sentirse menospreciado, frustrado, etc.–, y produce
una descarga corporal de catecolaminas, más o menos intensa según
la magnitud del enfado, y que cumple la función de generar un acceso
puntual y rápido de la energía necesaria para la lucha o para la huida.


       
Paralelamente, se produce una descarga de adrenalina en nuestro sistema
nervioso, que provoca una excitación generalizada que puede perdurar
minutos, horas, o incluso días, manteniendo una difusa hipersensibilidad
que predispone a nuevas excitaciones. Esto hace que las personas suelan
estar más predispuestas a enfadarse una vez que ya han sido provocadas,
estén ligeramente excitadas o se encuentren más cansadas.


       
Por esa razón, después de un largo día de trabajo, una persona se
sentirá especialmente predispuesta a enfadarse en su casa por las razones
más insignificantes (el ruido o el desorden de los niños, o cualquier
pequeña contrariedad), aun siendo motivos que en otras circunstancias
no tendrían entidad suficiente para provocar esas reacciones.


       
El enfado suscita una excitación que tiende a disiparse lentamente.
Si durante esa etapa de paulatina desactivación del enfado se presenta
una nueva provocación (lo cual es fácil que suceda, debido a la hipersensibilidad
propia de esos momentos), se producirá una segunda descarga, antes
de que la anterior se haya disipado. Como es natural, este proceso puede
repetirse, y cada descarga cabalga sobre las anteriores, y cualquier
pensamiento perturbador que se produzca durante ese proceso provocará
una irritación mucho más intensa que si se hubiera producido fuera
de él.



     Saber
cómo somos


     Por
eso, una vez que alguien está inmerso en esa dinámica del enfado,
si no pone un serio esfuerzo por abandonar ese camino, su temperatura
emocional irá aumentando hasta desembocar fácilmente en un estallido
de ira.


       
—Pero, si es así, la gente enfadadiza tenderá a enfadarse cada vez
más, y por motivos más nimios.


       
Hay, sin embargo, otro elemento que conviene resaltar. La mayoría de
las personas que son irritables, agresivas o susceptibles, se sienten
muy mal cuando comprueban la facilidad con que pierden los estribos,
y eso hace que se muestren bastante interesados en aprender a dominarse.


       
Por eso, el remedio más eficaz es conocernos bien, de manera que sepamos
bien cuáles son los tipos de pensamientos a los que somos más sensibles,
para estar atentos a los primeros síntomas del enfado y poner solución.


     Aprender
a ser positivo        


En el caso, por ejemplo, de que una
persona con la que hemos quedado citados se retrase, hemos de tratar
de buscar una explicación positiva en vez de molestarnos de entrada.
Si tenemos que mantener una conversación ineludible con una persona
que nos resulta molesta, intentamos desarrollar nuestra capacidad de
ver las cosas desde el punto de vista de esa persona. Y para los momentos
críticos, a veces lo más inteligente es tener previstos modos de dominarnos,
como esforzarse en callar, no responder a un desaire con otro, seguir
caminando sin detenerse ante una provocación, etc.


     Son
hábitos de comportamiento que no surgen de manera automática, sino
que es preciso aprender. Y el principal problema es que esas habilidades
deben ejercitarse precisamente en los momentos en que nos encontramos
en peores condiciones, es decir, cuando observamos que se acelera el
pulso y nos estamos indignando: es justamente entonces cuando hemos
de recordar todo esto, escuchar, procurar calmarnos y mantener el control.
Sin alterarnos, sin echar las culpas a otros y sin tampoco refugiarnos
en un mutismo rencoroso. Cuando dos personas se están enfadando, la
que normalmente demuestra ser más inteligente es la que sabe callar
o retirarse a tiempo (o si ya están enfadados, la que toma la iniciativa
de la reconciliación).

Reflexionar sobre los sentimientos

El propio conocimiento como tarea importante

Siempre se ha dicho que si no comprendes bien una cosa, lo
mejor que puedes hacer es intentar empezar a explicarla. Por ejemplo,
un profesor experimenta muchas veces la dificultad de hacer comprender
a sus alumnos los puntos más complejos de la asignatura. Sin embargo,
a medida que avanza el desarrollo de la clase, y se abordan una y otra
vez esos conceptos desde perspectivas diferentes, las ideas se van
precisando, surgen pequeñas o grandes iluminaciones, tanto para los
alumnos como para el propio profesor.

Por eso, una buena forma de avanzar en la educación de los
sentimientos es pensar, leer y hablar sobre los sentimientos. Al
hacerlo, nuestras ideas se van destilando, y serán cada vez más
precisas y certeras. Y sabremos cada vez mejor qué sucede en nuestro
interior, para después intentar explicarlo, buscar sus causas, sus
leyes, sus regularidades, e intentar finalmente sacar alguna idea en
limpio para mejorar en nuestra educación afectiva.

Los temas pueden ser muy variados. Antes hemos hablado, por
ejemplo, de cómo las personas tendemos a echar a otros la culpa de
todo lo malo que nos sucede, y de esa otra tendencia a proyectar en
los demás nuestros propios defectos.

En ambos casos, se trata de fenómenos que, como suele suceder
con todo lo relativo al conocimiento de las personas, se advierten con
más facilidad en otros que en uno mismo. No es difícil, por ejemplo,
ver a una persona muy egoísta que se lamenta del egoísmo de los demás
y dice que nadie le ayuda; o a uno que siempre se está quejando, pero
siempre protesta de que otros se quejen; o a un charlatán agotador que
acusa a otro de que habla demasiado; o a un hombre irascible que
denuncia el mal genio de los demás.

Con sólo prevenirnos contra estos dos errores –en el fondo muy
parecidos–, podemos avanzar mucho en esa importante tarea que es el
propio conocimiento. Se trata de procurar ver las cosas buenas de los
demás, que siempre las hay, y aprender de ellas. Y cuando veamos sus
defectos (o algo que nos parece a nosotros que lo son), pensar si no
hay esos mismos defectos también en nuestra vida.

Mejoraremos procurando conocer cuáles son nuestros defectos dominantes.

Más en detalle

Para concretar un poco, podemos considerar algunos defectos
relacionados con la educación de los sentimientos:

timidez, temor a las relaciones sociales, apocamiento;
irascibilidad, susceptibilidad, tendencia exagerada a sentirse ofendido;
tendencia a rumiar en exceso las preocupaciones, refugiarse en la
soledad o en una excesiva reserva;
perfeccionismo, rigidez, insatisfacción;
falta de capacidad de dar y recibir afecto;
nerviosismo, impulsividad, desconfianza;
pesimismo, tristeza, mal humor;
recurso a la simulación, la mentira o el engaño;
gusto por incordiar, fastidiar o llevar la contraria; tozudez;
exceso de autoindulgencia ante nuestros errores; dificultad para
controlarse en la comida, bebida, tabaco, etc.;
tendencia a refugiarse en la ensoñación o la fantasía; dificultad para
fijar la atención o concentrarse;
excesiva tendencia a requerir la atención de los demás; dependencia emocional;
hablar demasiado, presumir, exagerar, fanfarronear, escuchar poco;
resistencia a aceptar las exigencias ordinarias de la autoridad;
tendencia al capricho, las manías o la extravagancia;
resistencia para aceptar la propia culpa, o sentimientos obsesivos de
culpabilidad;
falta de resistencia a la decepción que conlleva el ordinario
acontecer de la vida; no saber perder o no saber anar;
dificultad para comprender a los demás y hacernos comprender por ellos;
dificultad para trabajar en equipo y armonizarse con los demás; etc.

Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

El Tribunal Supremo de Japón declara que el feto humano es sujeto de derechos

Obliga a una compañía de seguros a indemnizar por los daños causados
al feto en un accidente de tráfico.

Uno más de la familia

Ashiya.
El Tribunal Supremo japonés dictaminó el pasado 28 de marzo
que las pólizas voluntarias de seguros familiares de vehículos cubren
también a los fetos en caso de accidente de tráfico. Confirmó así la
sentencia de un tribunal inferior que obligaba a la compañía de
seguros a indemnizar al niño no nacido por los daños causados en un
accidente de tráfico ocurrido en 1999.

El fallo del Tribunal concluyó que el feto es un miembro de la
familia y sujeto, por lo tanto, de derecho a indemnización. En
consecuencia el Supremo confirmó la orden a la aseguradora Mitsui
Sumitomo de pagar alrededor de 140 millones de yenes a los padres del
niño, que nació poco después del accidente.

Esta decisión del Tribunal Supremo afectará probablemente a
otras pólizas que cubren a la familia de los asegurados.

El accidente ocurrió en la ciudad de Kosugi, en la prefectura
de Toyama, en 1999. El coche en el que viajaba una mujer embarazada y
que conducía su marido fue golpeado en una intersección por otro
coche, cuyo conductor estaba cubierto sólo por el seguro obligatorio
contra terceros.

El niño sufre de varias discapacidades debido a falta de
oxígeno en el cerebro y otras complicaciones. La familia reclamó las
prestaciones del seguro a las que tenía derecho, pero la compañía se
negó en principio a pagar, aduciendo que los fetos no estaban
incluidos en la póliza del seguro familiar. Sin embargo el juez
presidente del tribunal, Tokiyasu Fujita, declaró que "los fetos
tienen derecho a reclamar indemnización por actos ilegales".

Al terminar el juicio, Mitsui Sumitomo dijo que llevaría a
cabo inmediatamente los trámites para el pago del seguro y que
prepararía una nueva versión de la póliza en la que se exponga
claramente que los fetos están también incluidos en el seguro.

(Antonio Mélich ACEPRENSA)

Más allá de la justicia humana

Y se nos va sin remedio

Personas que han entrado, por algún motivo al corredor de la
muerte, cuentan que es realmente escalofriante. Condenados a los que
se les cierra la puerta a sus espaldas dejándolos en la más completa
desesperación. Angustia, desazón, miedo, una profunda soledad… Si
aquellos muros pudieran hablar, contar historias, narrar sentimientos,
describir interminables noches de insomnio, grabar cientos de miradas
perdidas que disparan como dardos enajenación. ¡Cuántos lamentos! Si
se pudiera dar marcha atrás, si tal o cual circunstancia hubiesen sido
diferentes, si la vida borrase dos, tres segundos simplemente. Cientos
de preguntas se agolpan en la mente; la vida misma posee tanta fuerza
y al mismo tiempo es tan frágil. Muchas veces no está en nuestras
manos sostenerla, pero en numerosas ocasiones podríamos haber evitado
la muerte. Hay algo en lo profundo del alma que nos apremia a defender
la vida, y sin embargo la dejamos ir, como si fuera un grifo de agua
abierto que se nos escurre, que se vacía.

El siglo XX ha sido un siglo de muerte. Es incontable el
número de víctimas tras la revolución Rusa con Lenin a la cabeza, la
revolución china con Mao Tse Tung, la primera guerra mundial con
nuevas armas, la segunda guerra mundial con la exterminación en masa
de millones de seres humanos y la muerte de tantos inocentes,
centenares de conflictos de tipo étnico en Asia, África y Europa del
Este. El cine, la fotografía, la televisión nos muestran al mundo
escenas de sufrimiento terrible que sacude a todo tipo de persona sin
respetar edad, condición o culpa.

Ejecuciones y justicia

La triste herencia del pasado ha hecho que el hombre de hoy sea más
susceptible ante la pena de muerte. En las últimas décadas del siglo
pasado una treintena de países ha abolido la pena de muerte, pero
sorprende que en tan pocos países como China, Irán, Arabia Saudí y los
Estados Unidos de Norteamérica, las cifras de los condenados a muerte
sean alarmantes. con más de tres mil ejecutados en los últimos treinta
años. Y aunque en algunos casos, la gente ha salido a las calles para
pedir justicia EXIGIENDO la muerte del agresor, la gran mayoría de las
personas ha entendido que las ejecuciones no son el camino para el
progreso humano. Existen tantos elementos que se ponen en juego: el
hombre no es infalible, todo ser humano mientras viva puede
enmendarse, reparar su culpa y encontrar la paz del alma, pedir
perdón, dar al mundo alguna lección, INCLUSO dejarnos una enseñanza.
Si fuéramos verdaderamente justos, muchos que viven merecerían la
muerte e incontables muertos tendrían que seguir viviendo. Nadie
conoce la profundidad del corazón del hombre. El hombre no repara un
crimen con la muerte del culpable. Después de la ejecución no viene la
paz, ni se crea un mundo mejor ni se acaba con los asesinos.¿Qué puede
hacer a este mundo más humano? ¿Una justicia falible o el amor? ¿Cuál
es el límite del mal?

¿Justicia o venganza?

No podemos olvidar a Karla Tucker, una mujer que cometió un asesinato
bajo efecto de las drogas. Después de varios años de prisión se
rehabilitó, pero fue igualmente condenada a la pena de muerte. Ella
misma afirmó ante las cámaras de la CBS que "todos, después de cometer
algo horrible, tenemos la capacidad de cambiar con la ayuda de Dios…".
Vienen a la memoria casos como el Shareef Cousin, un joven negro de
diecinueve años condenado a muerte por un homicidio cometido cuando
tenía diecisiete años. La ejecución de Timothy McVeigh ha sido de las
más polémicas. McVeigh, el terrorista de Oklahoma, que tenía sobre sus
espaldas a más de ciento sesenta y ocho víctimas, sumaba demasiados
elementos en su contra para obtener el perdón. Sin embargo, menos del
50% de los familiares de las víctimas quería la ejecución. Bud Welch,
quien había perdido a su hija en la explosión de Oklahoma, dijo: "Viví
un periodo de deseo de venganza durante diez meses, tras el asesinato
de Julie". Pero llegó a la conclusión de que esto no le traería la
paz. Otro testimonio, ofrecido por el New York Times, fue el de
Patrick Reeder que perdió a su mujer en el atentado. Dijo que durante
mucho tiempo deseó la muerte del asesino, pero después de un período
largo y difícil de adaptación, llegó al convencimiento de que la
ejecución no era la respuesta. "No se trata de justicia sino de
venganza", dijo explicando que no deseaba ver cumplida la sentencia.
Kenneth Boyd, de cincuenta y siete años, fue ejecutado con una
inyección letal en el Estado de Carolina del Norte. Sus últimas
palabras fueron "Que Dios los bendiga a todos aquí". Boyd fue el
condenado número mil en los Estados Unidos después de la
reinstauración de la pena de muerte en 1976 en aquel país.

Como dioses

Todos estos condenados a muerte tienen un rostro, una
identidad, un pasado, un futuro, unas circunstancias muchas veces
difíciles e insuperables. Siempre hay una duda, algo que se nos escapa
de las manos, algo que queda en el misterio de la conciencia. ¿Quién
se considera totalmente infalible para dar sentencias que son
irrevocables?

El hombre del siglo XX y principios del XXI se ha convertido
en el dador de la vida y de la muerte. ¿Bajo qué criterios? ¿No será
que no reflexionamos, que no profundizamos en lo que sucede en nuestro
entorno? ¿No hay demasiado ruido en nuestro interior, demasiados
estorbos placenteros que nos distraen para impedirnos mirar una
realidad que en el fondo no queremos conocer? Lo cierto es que muchas
veces quedamos sordos a los gritos de dolor de aquellos que se aferran
a la vida.

Queda claro que en lo más profundo del corazón humano vibra
una convicción: el hombre ama la vida más que la muerte, y esto nos
llena de esperanza.

(Margarita Iturbide
Mujer Nueva)

Liberación vs. dignificación de la mujer

Un notable avance aunque puntual

El día internacional de la mujer es una invitación para
reflexionar sobre el status actual de la mujer en la sociedad. En las
últimas décadas se ha luchado abiertamente por conseguir su
emancipación y liberación en todos los campos de la vida. Las
victorias no han sido pocas. En lo que se refiere a la política, por
ejemplo, el 2005 fue un año brillante para el sexo femenino: en cuanto
a cargos de gobierno, Angela Merkel en Alemania, Ellen Johnson-Sirleaf
en Liberia y más tarde Michelle Bachelet en Chile, vencieron en las
elecciones democráticas de sus países. En Argentina, Felisa Miceli y
Nilda Garré se convirtieron en ministras de Economía y Defensa
respectivamente. Medio gobierno español está en manos de mujeres.
Mientras que Condoleezza Rice juega un papel muy influyente en la
política internacional como Secretaria de Estado de la Unión
Americana.

Podemos decir que públicamente la mujer ya se ha liberado y
ocupa un lugar eminente dentro de los puestos de toma de decisiones,
no sólo políticos, sino también empresariales. El tiempo en que su
aportación era confinada al hogar, ha quedado atrás.

La liberación femenina es ya historia. Sin embargo, las
mujeres enfrentan hoy nuevos retos diversos a los de otros tiempos. La
igualdad jurídica ha sido conquistada a través de una larga batalla.
Junto con las victorias ha habido pérdidas que es importante
considerar para ayudar positivamente a la mujer.

Pero no todo es así

Su situación ha sido "equiparada" a la del hombre, en muchos aspectos
de la vida. Esta "paridad" o "igualdad" ha llegado a perjudicar en
algunas ocasiones a la mujer. El caso de Inés nos lo muestra. Sola con
dos hijos, no ha conseguido un trabajo que le ayude a mantenerlos.
Angustiada por su situación económica, recurre a la oficina de
desempleados para recibir su pensión. Le tratan de ayudar a conseguir
un trabajo, pero es difícil dada sus circunstancias. Por fin le
ofrecen uno que aparenta cubrir sus necesidades: el de sexo-servidora
(en su país, éste es considerado un trabajo más, con tal de que esté
registrada). No es precisamente lo que ella quisiera, pero se ve en la
disyuntiva: si lo acepta, va contra ella misma; si lo rechaza, le
quitan la pensión, al negarse a aceptar el "trabajo" que le ofrecen.
Inés no es la única mujer que se ve obligada a escoger entre pisotear
su dignidad o morirse de hambre. La legalización de la prostitución,
lejos de ser un bien para ella, como tantos prometieron, se ha
convertido en una de sus principales fuentes de extorsión.

Ser madre es un trabajo

Otra mujer también lo ha sufrido, aunque de otra manera: Cecilia.
Casada con tres hijos. Se ve en la necesidad de trabajar a tiempo
completo para sacar adelante a la familia. Con un horario y un sueldo
semejante al de José, su esposo, ha logrado distribuir
convenientemente las tareas domésticas entre su marido, su hija mayor
y ella. Sin embargo, nota que su nivel de estrés es más elevado que el
de José. Él llega del trabajo, ayuda en la casa, y hasta juega con los
hijos. Ella, por su parte, aunque realizada profesionalmente, se
siente dividida internamente. Se ha dado cuenta de que la única tarea
que no puede delegar a los demás es la de ser madre. Es parte de ella
misma, y su estilo de vida actual no le permite realizarlo como le
gustaría. Siempre estudió y trabajó al ritmo de los hombres. Y aunque
es capaz de dar buenos resultados como ellos, ahora necesita y anhela
un trabajo que se adapte a su condición de mujer.
Sin dejar de ser femenina

Para Inés y Cecilia como para tantas otras, la liberación
femenina no ha sido la panacea que tanto se les ha prometido. Se han
eliminado trabas y tabúes, se han abierto puertas y oportunidades. Se
ha permitido entrar a zonas antes vedadas al sexo femenino. Pero, ¿es
esto lo que ellas realmente necesitan? La experiencia de tantas
mujeres nos habla más bien de su necesidad de ser ellas mismas. Es
importante y bueno que la mujer aporte en el mundo laboral y que
participe en la toma de decisiones, pero sin tener que renunciar a su
misión de madre ni a su propia dignidad. Una liberación que no
dignifica a la persona, lejos de ayudar, la perjudica. El nuevo reto
que se nos presenta es el de la dignificación de la mujer; el de
revisar si las condiciones educativas, laborales, y sociales realmente
responden a sus verdaderas necesidades y les permiten contribuir a la
sociedad aportando su genio femenino. Ojalá que este día internacional
de la mujer nos ayude a tomar conciencia de esta situación, para que
el próximo podamos festejar los avances que se hayan realizado en esta
dirección.

(Liliana Esmenjaud
Mujer Nueva)

Amistad y lealtad

La amistad es el valor que ayuda a la persona, ser sociable por
naturaleza, a comunicarse y a perfeccionarse en compañía de sus
amigos. Es una relación de reciprocidad donde especialmente la
confianza juega un papel importante. Es un valor que ayuda a ser mejor
y desde este nivel lo reflexionaremos. En el hogar, nuestros hijos e
hijas encontrarán el modelo para vivir sin estar aislados y para
aprender a crecer y a madurar personalmente. La amistad es un
compartir afectos, anima a darse y a dar, a recibir y a comprender al
otro, no por pura simpatía, sino por el conocimiento que se fomenta
con el trato.

Aspectos importantes para vivir en familia:

1. Que entre padres e hijos se consiga una verdadera amistad
para hablar todos los temas, procurando no ser dogmáticos y saber
preguntar con delicadeza, sin herir la sensibilidad. Confiar siempre
en lo que dicen y creer todo lo que nos explican. Saber corregir con
suavidad, pero con la sinceridad que crea el vínculo afectivo de la
relación padres-hijos. Aprovechar momentos de descanso para disfrutar
juntos de las aficiones de los hijos.

2. Que en la familia no se haga nunca ninguna crítica, ni
juicio, ni murmuración de nadie. Recuerdo haber leído "el triple
filtro" de Sócrates cuando le querían explicar algo de un conocido. Él
preguntaba si reunía estos tres aspectos: la Verdad, la Bondad, y la
Utilidad; si estas tres premisas no se encontraban, respondía al que
quería explicar algo de otro: "si lo que me quieres decir no sabes si
es verdad, si es bueno o incluso útil, ¿por qué me lo quieres decir?"

3. Que se enseñe con el ejemplo como se acoge siempre a quien
viene a casa: con amabilidad, con respeto. Que siempre estén abiertas
las puertas del hogar de los padres para recibir los amigos y amigas
de los hijos, aunque este hecho represente un trabajo añadido. En la
adolescencia se debe tener mucho cuidado en saber quienes son los del
grupo de nuestro hijo, por ser una edad muy influenciable.

4. Que vean que sabemos perdonar si nos hemos sentido
ofendidos. Agradecidos si nos han hecho un favor. Dispuestos a ayudar
si alguien nos necesita. Que nunca utilizamos la amistad para recibir
ningún privilegio. Que se dé ejemplo de desinterés, si no, no sería
amistad.

Consejos a los jóvenes para conservar a los amigos

La lealtad es un elemento necesario para tener una amistad
duradera y estable con una persona; un amigo es un tesoro, que se
tendrá que cuidar y proteger. En el ámbito de la lealtad, se deben
considerar muy importantes: la defensa del buen nombre del amigo o de
la amiga, la discreción para guardar las confidencias y el respeto
para velar por su intimidad.

Comprender las ideas y los sentimientos de los demás. Se
podrán tener amigos o amigas que no piensen igual que uno, pero cuando
hay un afecto sincero se aceptan, si bien se hace un intercambio de
pensamientos que animan a la mejora personal por las dos partes.

Saber seleccionar a los amigos por su comportamiento. Un amigo
que traiciona, explicando a los demás nuestros sentimientos, un amigo
que busca la complicidad de compartir marihuana o alcohol, por
ejemplo, no tiene las características del buen amigo, que normalmente
se encuentra por intereses comunes de estudios, de deporte, de escuela
y que comporta el requisito de la amistad: procurar el bien del otro.

Tener la honestidad de saber guardar un secreto. La amistad
siempre está basada en la confianza, que no se puede traicionar.

Saber estar siempre junto a los amigos y amigas cuando lo necesitan.

Podemos hacer una lista de cualidades entre las que no pueden
faltar la generosidad, la humildad, la amabilidad, la puntualidad, la
cortesía... pero lo que interesa es preservar la amistad de contactos
que la malogren.

Dice Aristóteles: "Algunos creen que para ser amigos es
suficiente querer, como si para estar sano, solo hiciera falta desear
la salud".

Victoria Cardona Romeu
Profesora y educadora familiar
www.vidadefamilia.org

Comprendiendo la homosexualidad

Entrevista al Dr. Irala a propósito de la publicación del libro
"Comprendiendo la
homosexualidad" editado por EUNSA.

-¿Por qué el debate sobre la homosexualidad ha pasado del terreno
científico (años 70-80) al debate socio-afectivo en la actualidad?

Probablemente existan muchas explicaciones. En un libro
titulado "Homosexuality and american psychiatry" escrito por Bayer, se
explica con todo detalle cómo los lobbys de gays y lesbianas de EE.UU.
consiguieron que se eliminara la homosexualidad del manual de
clasificación de enfermedades DSM-III en una votación de la Asociación
Americana de Psiquiatras en la cual solamente votaron el 25% de sus
miembros. No existe, que yo sepa, otro ejemplo en la medicina donde
una cuestión de esta envergadura se decida por votación y sin basarse
en la evidencia científica disponible. Como resultado de esta
votación, todos los manuales diagnósticos se tradujeron a diferentes
lenguas y muchos especialistas de la medicina y psiquiatras del mundo
lo aceptaron con buena fe. A esto hay que añadir que la agenda
política de algunos colectivos de gays y lesbianas pretende que nadie
dé a conocer este dato ni aporte evidencias científicas que
contradigan la decisión que se tomó en un ambiente de presión social y
política. Cualquiera que no opine de este modo puede ser tachado de
homófobo y a nadie le gusta ser insultado en público con lo cual
muchos optan por inhibirse en esta cuestión sin más.

-¿Existe alguna evidencia científica a favor de una teoría genética de
la homosexualidad o la homosexualidad obedece más bien a un
determinado aprendizaje y condicionamiento sexual?

Hay que afirmar que efectivamente no existe ninguna evidencia
científica que avale la teoría genética de la homosexualidad o que la
homosexualidad pueda ser innata. Los estudios que han querido sugerir
que uno "nace homosexual" en contra de "hacerse homosexual" han sido
criticados por tener errores metodológicos. Especialistas en
homosexualidad que trabajan en asociaciones científicas como la NARTH
en EE.UU. (asociación nacional de investigación y terapia de la
homosexualidad; http://www.narth.com) afirman que se trata de un
desarrollo inadecuado de la identidad sexual. Deberíamos al menos
aceptar que el debate científico sobre este tema pueda seguir
existiendo.

-¿Qué diferencia hay entre orientación y actividad homosexual?

Se dice que una persona tiene una orientación de tipo
homosexual cuando le atraen las personas de su mismo sexo; mientras
que tener una actividad de tipo homosexual significa que dicha persona
ya tiene actividades sexuales de tipo homosexual. Muchas personas con
orientación homosexual deciden no tener este tipo de relaciones
sexuales y deben saber que es posible modificar su orientación sexual.
Hay trabajos científicos que así lo demuestran en revistas de
psiquiatría.

-Desde el punto de vista de la salud, ¿diría usted que la actividad
homosexual constituye un estilo de vida saludable o indiferente para
la salud?

Indudablemente la actividad sexual de tipo homosexual conlleva
problemas de salud, algunos de los cuales le son específicos. No
solamente podemos observar los problemas asociados a la promiscuidad
sexual y las infecciones de transmisión sexual, que también podríamos
encontrar entre heterosexuales promiscuos, sino que existen problemas
más específicos asociados a la utilización de los órganos sexuales sin
tener en cuenta que por "diseño" están orientados a la
complementariedad entre varón y mujer. Además, existen varias
publicaciones científicas que demuestran que hay más ansiedad,
depresión, intentos de suicidio y suicidio entre personas con
sentimientos homosexuales independientemente de las dificultades
psicológicas que puedan atribuirse al rechazo social de la
homosexualidad en ciertos entornos. Estos problemas se observan, de
hecho, en países donde no sufren ningún rechazo social.

-Algunas personas han pedido ayuda para salir de la homosexualidad,
incluso hay ya asociaciones de ex-homosexuales ¿Cree que existen
presiones de los lobbys gays para que no se conozcan estos casos?

Es verdad que hay muchas personas que buscan ayuda porque
están insatisfechas con su orientación sexual. Hoy algunos pretenden
negarles esta posibilidad de ayuda. Existen de hecho manifestaciones
de colectivos de ex gays en EE.UU. que protestan contra los colectivos
de gays y lesbianas por no aceptar que quien quiera pueda libremente
buscar ayuda para reencontrarse con su heterosexualidad
(http://www.peoplecanchange.com/).

-¿Por qué hemos pasado de la condena a la alabanza con los homosexuales?

Creo que es importante recordar que en los años 70-80 algunos
colectivos de gays y lesbianas en EE.UU contrataron los servicios de
grandes especialistas del marketing para preparar una campaña con el
objetivo de "normalizar" la homosexualidad en la sociedad. Frente a
estos expertos ha habido una cierta pasividad de la población que
simplemente no se ha interesado por esta cuestión. Actualmente, es
bastante obvio que hay toda una campaña en los medios de comunicación
y el cine para dar una imagen determinada de la homosexualidad, para
aumentar la frecuencia de una opinión política oficial sobre esta
cuestión pero sin propiciar ningún debate científico.

-¿Dónde cree que está el equilibrio?

El equilibrio está probablemente en reivindicar un respeto
incondicional por toda persona con sentimientos homosexuales. A la
vez, se debería permitir que desde el punto de vista científico uno
considere la homosexualidad como un desarrollo inadecuado de la
identidad sexual y facilitar que quienes sufren por su orientación,
desean entenderla mejor y/o reencontrarse con su heterosexualidad,
puedan acudir a un especialista para solicitar su ayuda
(http://www.freetobeme.com/).

-¿Cuántos homosexuales hay en España? ¿A qué se debe la proliferación
de personajes homosexuales en el cine y la televisión?

Es difícil estimar cuantas personas homosexuales hay en España
porque la primera dificultad consiste en definir exactamente qué
significa "persona homosexual". Hay personas que han podido tener
atracciones de tipo homosexual de una manera esporádica y que nunca
deberían considerarse como homosexuales. Lo que sí que podemos afirmar
con cierta rotundidad es que no es correcta la cifra tan
frecuentemente utilizada del 10% y que algunos estudios más serios
indican que habría entre un 1% y un 3% de personas con este tipo de
actividad sexual (aunque fuera esporádica), si bien la verdad estaría
más cerca del 1,5%.

-¿Quién merece la consideración de "homófobo"?

Si se trata de insultarle a alguien, deberíamos afirmar que
nadie se merece esta etiqueta. Aparte del contexto del insulto, una
persona homófoba se definiría como una persona que tiene una aversión
exagerada, obsesiva contra la homosexualidad o contra personas con
orientación homosexual. El problema es que hoy se intenta etiquetar
así a cualquiera que simplemente no opine en la línea del
homosexualismo político.

-¿Detecta usted agresividad y falta de respeto en las actividades de
algunos colectivos de gays y lesbianas hacia quienes no comparten sus
planteamientos? (Burlas a monjas y curas el Día del Orgullo Gay,
Madrid 2005; según una información recogida por La Razón, al menos 6
clérigos han sido llevados a los tribunales en diversos lugares del
mundo acusados en algunos casos por "crímenes de odio").

Se puede decir que en la actualidad hay una cierta coacción
sectaria en contra de cualquiera que no opine que la homosexualidad es
tan natural como la heterosexualidad. Las burlas en manifestaciones y
los juicios a clérigos son ejemplos de ello. Este problema se agrava
cuando ni siquiera puede existir un debate científico al respecto sin
ser insultado por ello. Sin embargo, también hay que afirmar que
lamentablemente todavía hay demasiadas personas violentas y sin
caridad que no respetan a las personas homosexuales con el respeto que
les es debido como personas.

-Algunos defienden la adopción de niños por parte de parejas
homosexuales argumentando que no se han observado diferencias entre
los niños adoptados por estas parejas y los adoptados por parejas
heterosexuales ¿considera válido este argumento?

Este argumento no se sustenta en la evidencia científica
actual. Efectivamente, basados en indicadores diversos como los
resultados académicos, la delincuencia y la adaptación social, el
consumo de sustancias e indicadores de salud mental hay bastante
evidencia que señala que el mejor entorno, la mejor opción afectiva y
educativa para un niño, es la de la pareja heterosexual establemente
comprometida en el matrimonio. Esto no significa que una familia
monoparental no pueda lograr la felicidad de los hijos sino que, en
términos generales, lo óptimo es la presencia de un padre y de una
madre. Dado que existen listas de espera de heterosexuales idóneos
para la adopción en todos los lugares no parece lógico que los
gobiernos contemplen otras alternativas de adopción porque es su deber
ofrecer siempre lo mejor para estos niños.

-¿Quién debería leer su libro "Comprendiendo la homosexualidad"?

El libro puede leerse fácilmente porque he intentado
compaginar la información científica con la divulgación para que sea
asequible a cualquiera. Me parece especialmente importante que lo lean
jóvenes adolescentes, por ejemplo de bachiller, porque están
recibiendo mucha información sesgada sobre este tema. El libro no
solamente les ayudará a contrastar sus ideas y opiniones con datos
científicos sino que el lector se verá más capacitado para orientar
mejor a alguien de su entorno que a lo mejor manifiesta tener
sentimientos homosexuales.

(Agencia Veritas)

Estudiar y abrirse camino en la vida

Se ha hecho evidente un cambio en la educación: del autoritarismo y la
rigidez se ha pasado a la ausencia de límites, a la comodidad y al
"dejar hacer". Se hace patente, por lo tanto, que conviene buscar un
término medio: vivir los horarios para el estudio, y padres y
educadores, unidos en este reto, establecer las pautas que se deben
hacer cumplir, con la suficiente ascendencia, consecuencia del
prestigio y del testimonio personal de los que tenemos el reto de
educar.

Se necesita una reacción

¿Cómo podemos animar esta voluntad por el estudio? La
respuesta la sintetizamos en esta frase: educar la voluntad para el
esfuerzo. Nuestros hijos y hijas han de estudiar con ganas y sin ganas
de hacerlo, sin excusas, con constancia y con renuncias voluntarias
tan sencillas como estar sentados correctamente en la silla; no comer
mientras se estudia o no dejar a medias los deberes de la escuela.

En un mundo competitivo donde se valora la eficacia y los
resultados, los padres tenemos el riesgo de hacer lo mismo con las
calificaciones de los niños. Si tenemos niños o niñas con gran
facilidad para aprender podríamos caer en el defecto de que –al
recibir muchos elogios– se volvieran unos vagos, en cambio otros
habiéndose esforzado más, podrían no tener buenas notas y quedar
desmotivados al no recibir ninguna alabanza. ¿Qué actitud sería la
óptima?: observar las posibilidades de cada uno y, sobre todo, no
obsesionarse por las calificaciones. Valoremos lo que hace de bueno:
poner codos.

Han terminado las vacaciones de Navidad y volvemos a la
escuela. Vamos recibiendo noticias de fracaso escolar. A los padres
nos preocupan estas noticias que afectan también a nuestros hijos y
hijas. Estamos en la cola de los países europeos. Según el informe de
la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE),
el bachillerato en España (con un 33 por ciento), ocupa el cuarto
lugar en este triste ranking, sólo superado por Turquía y México. En
el otro extremo de la clasificación aparecen Alemania (con el 3 por
ciento de alumnos que no superan la secundaria superior), Grecia (4
por ciento), Noruega (8) y Japón (9).

Dos sencillas sugerencias prácticas para mejorar el estudio de
los hijos:

1 . Hacer agradable el estudio

Hacer agradable el estudio es enfocarlo de forma que les guste
estudiar. Nunca podemos hacer comentarios negativos como por ejemplo:
"tienes demasiados deberes" o bien "mira tu padre y tu madre como
trabajamos, estamos bien cansados..!" A la inversa procurar que las
criaturas y jóvenes tengan curiosidad intelectual, que comenten los
libros de lectura, los trabajos de la escuela, busquen temas por
Internet, que se fijen en lo que ven cuando van de excursión, que
comenten las películas, etc. Deben recibir una instrucción o unos
conocimientos, no para saberlo todo como una enciclopedia, sino para
adquirir una cultura propia de la persona que piensa, reflexiona,
asimila y se prepara para hacer camino por la vida.

2. Espacio de estudio adecuado

Procurar un espacio en el hogar, adecuado para el estudio de
nuestros hijos e hijas. Siempre el mismo. Sin música, sin ruidos, con
buena iluminación. A la vez como que cada hijo es diferente, debemos
conocer al que se concentra más rato y más deprisa, o al que necesita
descansar del estudio más a menudo, y volver a empezar. Hemos de
ayudar a que controlen la imaginación, no les podemos interrumpir en
cada momento para no dispersarlos. Si debemos apoyarlos como por
ejemplo, preguntarles que han hecho de deberes escolares, cuando hayan
finalizado su tiempo de estudio; de esta forma podemos saber si han
aprendido a resumir y sintetizar y si han reflexionado sobre lo que
han estudiado. A veces no podemos por el horario laboral estar cerca
del hijo o hija en su tiempo de estudio pero si que podemos
interesarnos por lo que ha hecho.

Es tarea nuestra animarle a la constancia, procurándole medios
para ser responsable y tener un buen rendimiento escolar para
prepararse para el futuro de su vida.

Victoria Cardona Romeu
Profesora y educadora familiar
www.vidadefamilia.org

Mujer, moda y felicidad

Significa mucho

El modo de vestirse de una mujer refleja parte de su "yo
profundo", de su interioridad. Por eso, cuando el hombre se viste, se
cubre su cuerpo; cuando la mujer se viste, descubre su alma.

Te invito a no ceder ante la presión del ambiente. ¿Te animas
a mejorar la moda y las costumbres? El modo de hablar, de vestir, de
moverse, tiene mucho que ver con lo que llevamos dentro. Con
frecuencia la moda nos hace masa, y así está planeado por los
poderosos de la tierra. Tú puedes ser una mujer noblemente rebelde,
mujer de una pieza. Si las mujeres saben custodiar su alma y su
cuerpo, no serán una más: serán mujeres que saben distinguirse por su
elegancia, por ser femeninas.

Somos diferentes al varón. La mujer debe conocer la diferencia
natural de percepción del hombre, distinta de la percepción de la
mujer. Debe conocer muy bien la diferencia entre ser usada
(mujer-objeto: "qué buena estás") y ser amada ("qué guapa eres"). La
mujer tiene habilidad, arte y condiciones para emplear la moda como
medio de limpieza en la sociedad. ¿Te animas?

Pudor, intimidad y valor

La intimidad corporal en la moda actual está desprotegida: deja ver
demasiado del cuerpo. Un vestido que subraya el sexo contribuye a
encubrir el valor de la persona y a resaltarla como objeto de placer.
El desafío es ir contra corriente, para eso tenemos que cuidar el
pudor. ¿Qué es el pudor? El pudor es la inclinación natural a cubrir
el cuerpo para protegerlo de las miradas morbosas. Nos hace más
dignas, más dueñas de nosotras mismas. La falta de pudor consiste en
llevar la ropa ajustada, la falda corta, usar escotes que dejan ver
más de la cuenta, mostrar nuestro ombligo; a veces la mirada se va a
la cintura -al ombligo- en vez de irse a los ojos, y eso no nos hace
felices.

La mujer con pudor llegará a ser más dueña de sí. El pudor es
la inclinación a mantener oculto lo que no debe ser mostrado, a callar
lo que no debe ser dicho, a reservar a su verdadero dueño el don que
es para aquel a quien se ama. Una desnudez es impúdica cuando no es de
nadie y al mismo tiempo es de todos: disponible para quien la quiera.
La ropa que deja ver la ropa interior, no es elegante. Quien no siente
necesidad de ser pudoroso, carece de intimidad, y vive en la
frivolidad.

¡Tú vales mucho! Mucho más de lo que imaginas, aunque hayas
tenido caídas, aunque tengas defectos. ¡Vales mucho! Procura que te
traten como lo que eres: una gran mujer.

Martha Morales

¿Naturaleza versus ser humano?

Ahí está la Naturaleza, incontestable

Tsunami, huracanes, terremotos, tifones, inundaciones,
tormentas tropicales… más de 300 mil muertos por causa de desastres
naturales registrados en el año 2005. Tenemos las imágenes frescas en
nuestras mentes. En estas circunstancias la naturaleza no parece ser
débil y desprotegida ante los hombres. Nosotros ya nos acostumbramos a
sentirnos responsables de cuidar la Tierra: sus recursos, las especies
en extinción o la capa de ozono; pero ella no parece tener la misma
conciencia sobre nosotros. Uno se pregunta: ¿no conviene preocuparse
ahora más por los seres humanos?

Afortunadamente en realidad la naturaleza no es como en la
famosa película de Hitchcock titulada "Los pájaros", donde estos,
declaran la guerra a los hombres y se reúnen para atacar y matar a
picotazos a las personas. Sin embargo a veces parece, que la
naturaleza se enoja o incluso se quiere vengar. Aunque no sea así, no
es equivocado pensar, que no conviene "provocarla" e ir contra sus
leyes. El "ir contra la naturaleza" podría ser la tala de un bosque,
la contaminación del medio ambiente, así como también la fecundación
in Vitro o la manipulación del código genético... En el fondo nos
podemos dar cuenta que todo esto significa ante todo "ir contra el ser
humano", porque implica falta del respeto de la dignidad humana. Es
bueno respetar la naturaleza por el respeto al ser humano.

Se podría decir que la naturaleza sabe cuidarse a sí misma
bastante bien. Aunque sin prisas, se recupera de los daños que se le
causa. Lo ilustra muy bien la guerra de los ents contra Isengard en
"Las dos Torres" de J.R.R. Tolkien, (quien por cierto por algunos fue
llamado ecologista por su admiración ante la belleza y la sabiduría
escondida en los árboles, los cielos, los ríos o la luz). Los ents,
entre ellos Bárbol, el más viejo, eran algo con aspecto de árboles que
de vez en cuando se despertaban, hablaban y caminaban. No reaccionaron
rápidamente ante la progresiva destrucción de su bosque Fangorn
realizada por el ejército de orcos de Saruman. Una vez enojados y por
fin ya bien despiertos, los ents sorprendieron a todos con su fuerza;
casi sin esfuerzo aventaron enormes piedras, cambiaron la ruta de un
río y con la inundación en pocos instantes derrotaron Isengard.
Una naturaleza singular

Por algo se suele decir que la naturaleza no perdona. Tiene
sus leyes muy sabias, aunque no es consciente de ellas como los
ficticios ents de Tolkien. En realidad los robles no se dan cuenta de
que rompen el asfalto con sus raíces, el agua al correr tampoco sabe
si nos permite disfrutar de preciosas cascadas o si mata muchas vidas
por invadir con su ímpetu. En cambio el hombre sí puede conocer estas
leyes... No es un ser más de la naturaleza, otro árbol. Es el único
ser en la Tierra que puede conocer las leyes de naturaleza. Aunque la
majestuosidad de un bosque parecido al Fangorn nos infunde respeto y
nos extasiamos ante fenómenos y paisajes a veces tan bellos y
terribles a la vez, nos damos cuenta de que somos superiores. Nuestra
dignidad no sólo nos permite admirar y respetar o destruir y
contaminar... Podemos entender la naturaleza para intencionalmente
transformarla o influir en sus sucesos con un fin, ojala bueno.

Volviendo a considerar los desastres naturales, los
científicos sin duda podrían desarrollar aún mucho más las
posibilidades de predecir los terremotos, huracanes, etc. para poder
prevenir a tiempo catástrofes y evitar muchas muertes de seres
humanos. Conviene invertir en este tipo de estudios y en los medios
para prevenir o remediar tragedias, igual en los países más
desarrollados que en los más pobres.
Somos el punto de referencia

Lo dicho hasta ahora sobre la prioridad de proteger la vida de
los hombres no disminuye la importancia de cuidar el medioambiente.
Todo lo contrario. Pero es bueno recordar las correctas razones para
los programas ecológicos. Buscamos evitar la contaminación del aire
por las consecuencias negativas que tiene para la salud humana. No
pisamos el césped no porque le duela a la hierba, sino para que todos
puedan disfrutar de bellos jardines. Si no matamos sin necesidad a una
hormiga, debe ser porque no es digno del hombre matar sin necesidad.
Destruir lo bello y lo bueno sin una razón que lo justifique... todos
intuimos que va contra nuestra dignidad. Incluso un niño a quien aún
nadie se lo explicó, lo sabe. Por tanto, es bueno cuidar la naturaleza
y respetar sus leyes, porque ese comportamiento afirma la dignidad
humana. Además, no cultivo las rosas por las rosas, sino para poder
regalar las más hermosas a mi madre. Las flores no necesitan de mi
respeto, pero las personas sí tienen derecho a ver flores bonitas.

A los que nos impacientamos a veces un poco en el tráfico de
las grandes ciudades, se nos antoja "salir a la naturaleza".
Experimentamos que conquistar y contemplar las altas montañas nos
inspira paz y hace descansar. Descubrimos que hay en la naturaleza
algo de la armonía que buscamos, y es comprensible que nazca en
nosotros el deseo de vivir en armonía con la naturaleza. Podemos
ignorar de dónde vienen las leyes, el orden y la grandeza que
admiramos. Pero lo maravilloso es que, a diferencia de los pájaros o
los árboles, nosotros, queriendo ordenar nuestra vida, tenemos la
capacidad de conocer de dónde viene el orden y seguirlo libremente.
Los árboles y pájaros necesariamente obedecen ciegamente ese Orden,
esa Sabiduría y sus leyes. Ciertamente el orden que rige nuestra vida
humana es un poco más complicado, no se reduce a leyes biológicas y
físicas, pero de todas formas podemos descubrirlo y respetarlo por
decisión personal.

Magda Figiel
Mujer Nueva

La voluntad humana

El océano todo un abismo

En las primeras décadas del siglo XIX, los pueblos y países se
aproximan con más rapidez que antes en milenios. La llegada del
ferrocarril, del buque a vapor y, poco después, del telégrafo, suponen
un cambio gigante en el ritmo y la medida de la velocidad con que se
mueven las personas o las noticias.

A ese avance imparable se opone, sin embargo, un gran
obstáculo. Mientras las palabras se propagan al instante de un extremo
a otro de Europa, e incluso de Asia, gracias a los aisladores de
porcelana colocados en los postes telegráficos, es imposible
transmitir a través del mar. Y aunque en 1851 se logra unir Inglaterra
con el resto de Europa mediante un cable submarino, la posibilidad de
hacer lo mismo cruzando todo el Atlántico parece a todos una utopía
irrealizable. Cualquier comunicación entre Europa y América supone al
menos dos o tres semanas de navegación.

En aquellos años primeros de la electricidad, casi todos los
factores permanecen aún ignorados: nadie ha medido la profundidad del
mar, se desconoce la geología de sus fondos, no se sabe si un cable a
semejante profundidad logrará soportar las tremendas presiones
abisales, no existen barcos capaces de transportar la carga que
suponen los casi cuatro mil kilómetros de cable, y además, nadie
asegura que una señal eléctrica pueda mantenerse a lo largo de una
distancia semejante. Todos consideran la idea como un imposible.
Éxito aparente a la tercera

Pero, como escribió Stefan Zweig relatando este episodio
memorable, para que se realice un milagro, o algo milagroso, siempre
ha sido preciso como primera condición que alguien tenga fe en ese
milagro. En 1854, un joven empresario de 35 años llamado Cyrus W.
Field, lleno de entusiasmo, se propone unir los dos continentes
mediante un cable submarino, y con una energía dispuesta a vencer
cualquier obstáculo pone manos a la obra.

Field busca el enorme capital necesario, acondiciona los
buques, pone en marcha la fabricación del cable y hace una primera
tentativa en agosto de 1857, que fracasa por una fortuita rotura del
hilo metálico: un insignificante error técnico malogra el trabajo de
años. Al verano siguiente vuelve a intentarlo, pero esta vez será una
enorme tempestad quien frustre de nuevo el proyecto, pues diez días de
tremendo temporal dejan dañados tanto uno de los buques como algunas
de las grandes bobinas que llevaba en sus bodegas, con lo que no hay
suficiente cable para cubrir la distancia requerida. El tercer viaje,
que se realiza un mes después, tiene que superar fuertes presiones de
la mayoría de los inversores, que consideran mejor vender el cable que
queda y renunciar a un proyecto que ven cada vez más arriesgado. Pero
la travesía termina con un éxito espectacular, pues se logra enlazar
el cable sin contratiempos y Field es recibido en América en medio de
grandes festejos y celebraciones.
La voluntad humana

Sin embargo, a los pocos días el telégrafo deja de funcionar.
El descomunal entusiasmo, la ola apasionada del júbilo, se convierte
de repente en otra de maliciosa amargura e inculpación contra Field,
que tiene que esconderse como un criminal de quienes ayer eran sus
amigos y admiradores.

Por espacio de seis años el cable permanece olvidado en el
mar, y el proyecto más audaz del siglo XIX vuelve a convertirse en una
leyenda. Nadie piensa en reanudar la obra lograda a medias. Parece que
la terrible derrota había paralizado todas las fuerzas y ahogado todo
entusiasmo. Sin embargo, en 1865 el proyecto se relanza de nuevo. Aun
cuando fracasa la primera tentativa, y dos días antes de llegar a la
meta el cable se rompe y el océano se traga otra vez 600.000 libras
esterlinas, al verano siguiente, el 27 de julio de 1866, el proyecto
es coronado por el éxito definitivo.

Este episodio es una prueba más de cómo el valor ingenuo de un
hombre sin experiencia puede encerrar un gran impulso creador,
precisamente en las ocasiones en que todos los entendidos titubean. La
nueva fuerza milagrosa de la época, la electricidad, se mezcló con el
elemento dinámico más fuerte de la naturaleza: la voluntad humana.

Alfonso Aguiló
www.hacerfamilia.es